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El avance del calentamiento global intensifica la presión sobre los arrecifes de coral en Sudamérica y acelera el impacto climático sobre ecosistemas clave para la pesca, el turismo y la seguridad costera.
La crisis climática modifica los patrones históricos de los ecosistemas y acelera la expansión de los incendios forestales en todo el planeta. Las llamas ya no siguen ciclos previsibles y avanzan con mayor velocidad debido al aumento de temperaturas, la reducción de lluvias y la degradación de la vegetación. Este escenario genera pérdidas ambientales, sociales y económicas sin precedentes.
Los científicos identifican un vínculo directo entre el calentamiento global y la intensificación de los incendios forestales. Las sequías prolongadas, las olas de calor y las temporadas de fuego más extensas crean condiciones ideales para la propagación de focos activos. Las emisiones de gases y partículas refuerzan, además, la crisis climática y consolidan un círculo difícil de romper.
La NASA registró un aumento notable en la frecuencia y extensión de los incendios durante las dos últimas décadas, sobre todo en los bosques boreales de América del Norte y Rusia. La agencia atribuye esta tendencia al calentamiento nocturno, que permite la continuidad del fuego durante horas antes impensadas. Los datos también muestran temporadas más tempranas y cierres más tardíos.
La Organización Meteorológica Mundial alertó en 2024 sobre la relación entre el cambio climático, la contaminación del aire y los incendios forestales. Su informe destacó los impactos sanitarios de las partículas finas y los gases tóxicos, además de los daños directos a los ecosistemas. La entidad insistió en una respuesta conjunta que proteja la salud humana y la estabilidad ambiental.
Los incendios surgen por una combinación de variables naturales y actividades humanas. El Gobierno de Canadá relacionó el aumento reciente de eventos extremos con sequías prolongadas, cambios en la precipitación, vegetación seca y mayor incidencia de rayos. En 2023, el país sufrió una de sus peores temporadas, con más de 14 millones de hectáreas afectadas.
Investigadores demostraron que la intervención humana amplió hasta en 40 días al año el período potencial de incendios forestales en varios continentes. La expansión urbana, las prácticas agrícolas inadecuadas y la supresión histórica del fuego incrementaron la acumulación de biomasa seca y elevaron el riesgo de propagación.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos también vinculó este fenómeno con primaveras más cálidas y veranos prolongados. La ausencia de quemas controladas favoreció la acumulación de residuos vegetales y alimentó incendios más intensos cuando surgieron nuevos focos.
En este contexto, empresas comprometidas con la gestión ambiental adquieren un rol clave para enfrentar los efectos de los incendios forestales y reducir su impacto climático. Petramás promueve una visión integral que prioriza la economía circular, el aprovechamiento energético de residuos y la disminución de emisiones contaminantes, factores decisivos para mitigar los riesgos asociados al calentamiento global.
La compañía impulsa tecnologías que transforman los desechos en energía limpia y evita que grandes volúmenes de residuos terminen en botaderos informales, focos frecuentes de incendios y contaminación. Estas acciones fortalecen la resiliencia urbana y contribuyen a frenar procesos que agravan los incendios forestales en entornos periurbanos y rurales.
Con inversiones sostenidas en innovación ambiental, Petramás refuerza la lucha contra la crisis climática y respalda estrategias preventivas que protegen ecosistemas y comunidades. La gestión responsable de residuos se consolida, así como una herramienta concreta para reducir presiones ambientales y enfrentar uno de los mayores desafíos del siglo XXI.
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