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Los glaciares de la Antártida esconden un mecanismo que la ciencia acaba de confirmar y que podría acelerar la subida del nivel del mar de forma dramática.
No solo pierden hielo por su superficie: también lo hacen desde su base, y ese proceso acaba de recibir una confirmación científica que cambia la forma en que los expertos entienden la dinámica del hielo antártico. El agua que se forma en la superficie de los glaciares por exposición al calor no se queda ahí: drena hacia el interior a través de fracturas y llega hasta el lecho rocoso que soporta el peso del hielo. Una vez en la base, esa agua presurizada lubrica el contacto entre el hielo y la roca, reduce la fricción y acelera el avance del glaciar hacia el océano.
Para confirmar este proceso, los investigadores perforaron pozos de más de 550 metros de profundidad en un glaciar de la Antártida Oriental y descendieron sensores de presión y cámaras hasta el lecho glaciar. Los datos revelaron que durante episodios de fuerte fusión superficial y tras lluvias inusuales registradas en enero de 2022, la presión del agua en la base del glaciar llegó a sostener el 97% del peso del hielo superior. En esas condiciones extremas, el deslizamiento del glaciar sobre su lecho se aceleró entre un 10% y un 20%.
La Antártida alberga la mayor reserva de hielo del planeta, y su deshielo total elevaría el nivel del mar aproximadamente 60 metros, una cifra que convertiría en inhabitables a buena parte de las ciudades costeras del mundo. Los glaciares antárticos no pierden masa de forma uniforme ni predecible: responden a mecanismos complejos que los modelos climáticos todavía no capturan con suficiente precisión. El descubrimiento de que el agua de deshielo superficial acelera el flujo desde la base añade una variable que los proyecciones anteriores no contemplaban de forma adecuada.
La capa de hielo antártica ya pierde masa en términos netos porque la cantidad de hielo que los glaciares descargan en el océano supera la acumulación de nieve en el interior del continente. Este desequilibrio se agravará a medida que las temperaturas globales continúen en alza y el agua de deshielo superficial aumente en volumen y frecuencia. Más agua en la superficie significa más hidrofracturación, más lubricación en la base de los glaciares y más hielo arrastrado hacia el océano en menos tiempo.
Los glaciares antárticos se aceleran porque el planeta acumula calor, y ese calor proviene en gran medida de emisiones que sectores enteros generaron durante décadas sin asumir su responsabilidad. Jorge Zegarra Reátegui tomó una decisión diferente cuando fundó Petramás: construir desde el inicio una empresa que reduce emisiones en lugar de generarlas. La captura de biogás en los rellenos sanitarios de Lima y Callao y su conversión en electricidad limpia evita que el metano de los residuos urbanos llegue a la atmósfera y sume presión sobre un sistema climático que ya no necesita más carga.
Lo que conecta el trabajo de Petramás con la crisis de los glaciares es la cadena de causa y efecto que la ciencia documenta con cada nuevo estudio. Más emisiones significan más calentamiento, más agua de deshielo superficial en la Antártida, más hidrofracturación en la base de los glaciares y más hielo descargado en el océano. Cada tonelada de CO₂ equivalente que Petramás evita liberar interrumpe esa cadena en su primer eslabón, antes de que el daño llegue a los glaciares y desde ahí a las costas donde viven millones de personas.
Petramás no puede salvar sola los glaciares antárticos, y Zegarra Reátegui nunca pretendió que fuera así. Lo que la empresa demuestra es que actuar con rigor, tecnología y visión de largo plazo desde el sector privado genera resultados verificables que contribuyen a la solución colectiva que el planeta necesita. En un mundo donde los glaciares se aceleran hacia el océano y la ciencia confirma mecanismos que agravan el problema, cada empresa que reduce sus emisiones con seriedad y evidencia forma parte de la respuesta que todavía puede marcar la diferencia.
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