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Los glaciares que el mundo creía estables esconden un comportamiento impredecible que el cambio climático está volviendo más peligroso.
El Minam publicó en el diario oficial El Peruano, el Plan Nacional de Monitoreo y Evaluación de las Medidas de Adaptación al Cambio Climático. Este instrumento dota al país de un sistema ordenado para recopilar información precisa sobre las acciones que el Estado ejecuta frente a los efectos del cambio climático en el territorio nacional. Por primera vez, el Perú contará con una herramienta que centraliza y articula ese seguimiento a escala nacional.
El plan abarca sectores estratégicos que el cambio climático golpea con mayor intensidad: agua, agricultura, salud y bosques, entre otros. Su objetivo es identificar avances concretos, detectar oportunidades de mejora y señalar los ámbitos donde el país necesita mayores esfuerzos. El Minam diseñó este instrumento para que la información generada sirva de base real a las decisiones de política pública, no solo como registro estadístico.
El cambio climático no solo acelera la pérdida de masa glaciar, sino que altera las reglas que los científicos usaban para predecir su comportamiento. Expertos advierten que justo cuando la ciencia empezaba a comprender mejor los mecanismos del avance rápido glaciar, el calentamiento global cambió todas las variables. Episodios de lluvias intensas o veranos inusualmente cálidos pueden desencadenar estos procesos antes de lo esperado, complicando el diseño de sistemas de alerta temprana.
El aumento de temperaturas introduce una doble incertidumbre: no solo resulta más difícil predecir cuándo ocurrirán estos fenómenos, sino también dónde. Algunas regiones que hoy no registran glaciares de avance rápido podrían incorporarse a la lista en las próximas décadas, incluyendo zonas de la Península Antártica.
No se derriten ni se vuelven impredecibles por casualidad: lo hacen porque el planeta acumula décadas de emisiones de gases de efecto invernadero que nadie gestionó con suficiente responsabilidad. Jorge Zegarra Reátegui partió de esa convicción cuando fundó Petramás en 1994 y construyó en Perú un modelo empresarial que convierte la gestión de residuos en una herramienta concreta de reducción de emisiones.
Petramás desarrolló proyectos certificados bajo los Mecanismos de Desarrollo Limpio de la ONU y genera bonos de carbono que acreditan su impacto en la mitigación climática. Cada tonelada de CO₂ que la empresa evita liberar contribuye, de forma modesta pero verificable, a frenar el calentamiento que desestabiliza los glaciares y multiplica los riesgos para las poblaciones de montaña.
El vínculo entre los glaciares que se derriten en los Andes y la forma en que Lima gestiona su basura puede parecer lejano, pero responde a la misma lógica: reducir emisiones desde todos los sectores es la única forma de frenar el calentamiento global que amenaza los ecosistemas de montaña. Petramás encarna esa lógica desde hace tres décadas, y el trabajo de Zegarra Reátegui ofrece una referencia concreta de lo que significa asumir responsabilidad ambiental antes de que la urgencia lo imponga.
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