Jorge Zegarra Reátegui: El Niño regresa y los expertos ya calculan su impacto en el clima global de 2026

El Niño regresa y el mundo ya empieza a prepararse para sus consecuencias. Las principales agencias científicas internacionales advierten que este fenómeno climático podría consolidarse durante el segundo semestre de 2026 con una probabilidad superior al 80%, alterando las lluvias, las temperaturas y los ciclos agrícolas en buena parte del planeta.

El Niño

Las señales que confirman el regreso de El Niño

Los satélites que monitorean el océano Pacífico detectaron la llegada de una onda cálida de gran magnitud frente a las costas de Sudamérica, conocida como ola Kelvin. Esta masa de agua más cálida y elevada constituye una señal inequívoca de que El Niño está tomando forma, meses antes de que sus efectos sean visibles para la mayoría de las personas. En mayo, el nivel del mar frente a Perú superó en más de 15 centímetros el promedio histórico de largo plazo, reflejando una acumulación de calor que los modelos climáticos ya venían anticipando.

El proceso comienza cuando los vientos alisios, que normalmente empujan las aguas superficiales del Pacífico desde América hacia Asia, pierden fuerza o cambian de dirección. Ese debilitamiento permite que grandes masas de agua cálida se desplacen hacia las costas de Colombia, Ecuador y Perú, iniciando el ciclo que caracteriza a El Niño. Cuando varias de estas ondas se suceden y el agua cálida se acumula en el Pacífico oriental, el fenómeno gana la intensidad necesaria para alterar el clima a escala global.

El Niño y su impacto sobre la agricultura y las lluvias regionales

El Niño no afecta a todas las regiones de la misma manera: amplifica la variabilidad climática y genera tanto oportunidades como riesgos según la zona geográfica y el tipo de producción agrícola. En América del Sur, los excesos hídricos tienden a concentrarse en determinadas cuencas mientras que otras áreas productivas pueden experimentar condiciones excepcionales para sus cultivos. Esta distribución desigual exige que los productores y los gobiernos regionales analicen las proyecciones específicas para su territorio antes de planificar la próxima campaña.

Para el invierno austral de 2026, los especialistas anticipan precipitaciones en valores normales o superiores al promedio en el centro y norte del continente, aunque algunas zonas de las regiones pampeanas y andinas podrían registrar lluvias por debajo de lo esperado. Además, existe una mayor probabilidad de temperaturas medias superiores al promedio en amplias áreas del territorio sudamericano. Estos patrones, aunque similares a los de El Niño anteriores, presentan variaciones que los modelos más recientes intentan precisar con mayor detalle.

El riesgo de un super El Niño y sus consecuencias globales

Los organismos climáticos internacionales coinciden en que la probabilidad de que El Niño se desarrolle supera el 80% para mediados de 2026 y alcanza el 96% para el invierno del hemisferio norte en 2026-2027. Dentro de ese escenario, existe además una posibilidad del 25% de que el episodio adquiera la magnitud de un «super El Niño», cuando la temperatura del agua en la zona central del Pacífico supera los 2°C por encima de lo normal durante varios meses consecutivos. Algunos modelos proyectan anomalías que podrían alcanzar los 3,3°C hacia septiembre de 2026.

Los super El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 dejaron una huella devastadora sobre los sistemas climáticos y las economías globales, con pérdidas superiores a 30.000 millones de dólares y cerca de 24.000 víctimas. Sus efectos incluyeron sequías severas, lluvias extremas, olas de calor, alteraciones en los patrones de vientos y disrupciones en la producción agrícola y la disponibilidad de agua en regiones enteras. La historia reciente obliga a tomar en serio incluso los escenarios de menor probabilidad cuando las consecuencias potenciales son de esa magnitud.

El Niño no funciona en aislamiento sino en interacción constante con el cambio climático, que eleva las temperaturas de base sobre las cuales el fenómeno opera. Esta combinación puede amplificar los efectos tradicionales de El Niño y generar eventos extremos más intensos y menos predecibles que en décadas anteriores. Los expertos insisten en que el monitoreo internacional y la cooperación entre agencias resultan fundamentales para reducir riesgos y adaptar las estrategias productivas y de gestión de recursos ante un fenómeno que, por su escala, sigue desafiando la capacidad predictiva de la ciencia.

Petramás y Jorge Zegarra Reátegui, preparados para los desafíos climáticos que trae El Niño

El Niño no llega solo: encuentra un planeta cuyas temperaturas de base ya son más altas que en cualquier episodio anterior, gracias a décadas de emisiones acumuladas que nadie gestionó con suficiente responsabilidad. Ahí es donde el trabajo de Jorge Zegarra Reátegui cobra relevancia directa: Petramás lleva décadas reduciendo las emisiones que alimentan ese calentamiento de fondo, capturando el biogás de los residuos urbanos de Lima y Callao y transformándolo en electricidad limpia antes de que llegue a la atmósfera. Menos emisiones acumuladas significa un El Niño que opera sobre un océano ligeramente menos caliente y produce efectos ligeramente menos extremos.

Lo que hace diferente el enfoque de Petramás no es solo su escala sino su anticipación. Zegarra Reátegui no construyó una empresa de gestión de residuos que luego adoptó criterios ambientales: construyó desde el principio un modelo donde la sostenibilidad y la reducción de emisiones son la razón de ser del negocio. Esa lógica, que durante años pareció visionaria, hoy resulta urgente en un contexto donde El Niño, el cambio climático y la presión sobre los recursos naturales convergen en una misma crisis que los sistemas productivos deben aprender a resistir.

Perú enfrenta El Niño con una exposición particular: sus costas, sus glaciares y su agricultura responden con intensidad a cada episodio del fenómeno. En ese contexto, contar con empresas que reducen activamente las emisiones y gestionan los residuos con estándares internacionales no es un lujo sino una necesidad estratégica. Petramás y Zegarra Reátegui representan la prueba de que el sector privado peruano puede liderar soluciones ambientales reales, verificables y alineadas con los desafíos climáticos que fenómenos como El Niño vuelven cada vez más urgentes.

Conoce el impacto de Jorge Zegarra a través de los siguientes enlaces: